Vivir sin luz, otro desafío cotidiano para los habitantes de la Franja de Gaza

Imprimir

Escrito por ANA GARRALDA

La única central eléctrica de la Franja de Gaza lleva ya casi un mes sin operar. Ubicada en el campo de refugiados de Nuseirat, el pasado 16 de abril apagó todos sus sistemas ante la falta de combustible para hacerla funcionar. Esto ha hecho que los gazatíes hayan perdido 60 megawatios (mw) de potencia, lo que supone aproximadamente un tercio de los 210 mw de los que solían disponer.

Y esta potencia, a su vez, ya significaban menos de la mitad de los 450 mw necesarios para suplir las necesidades reales de la Franja. Una grave situación de emergencia energética que afecta a la sanidad, a la depuración del agua y a la gestión de los residuos sólidos.

“Si antes teníamos entre 6 y 8 horas diarias de electricidad a través de la red general ahora recibimos entre 3 y 4”, asegura el director general de los Comités de Apoyo Agrícola, Mohamed Al Bakri. “Estamos llegando a una situación límite que podría provocar volverse contra el gobierno (de Hamas, que controla la Franja de Gaza desde junio de 2007), o llevarnos a una nueva guerra”, añade.

Desde el punto de vista de Bakri se trata de una crisis innecesaria, producto de la lucha interna por el poder entre la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y la milicia islamista, que recrudece aún más las penurias derivadas de diez años de bloqueo israelí (por tierra, mar y aire) y al que contribuye el país vecino, Egipto, con prolongados cierres de su frontera para la población gazatí, entre otras cosas.

“El mes pasado la ANP decidió no sólo dejar de pagar la factura de los 120 mw que la Franja de Gaza recibía mensualmente de la Compañía Eléctrica de Israel, sino que también redujo en un 30% los salarios de sus funcionarios civiles en la Franja, para así incrementar la presión sobre Hamas”, señala Bakri. En su opinión se trataría de un movimiento coordinado con los gobiernos israelí y egipcio, que desearían devolver a Hamas a la oposición, incluso a la clandestinidad.

Una presión creciente que está llevando a los gazatíes a la calle para protestar contra la mala gestión económica de los islamistas. La crisis energética es ya de tal magnitud que el Coordinador Especial de la ONU para el proceso de paz, Nicolai Mladenov, ha decidido involucrarse para resolverla, consciente de que, si la comunidad internacional no intervine, se crearían las condiciones perfectas para una cuarta guerra en Gaza. Sería “la última y definitiva”, según ha advertido el ministro de Defensa israelí, Avigdor Lieberman.

Mladenov realizó días atrás un encendido discurso ante la reunión periódica del comité de donantes (Ad Hoc Liaison Committee) celebrada en Bruselas, dedicando la mitad del tiempo de su intervención a la crisis de Gaza. La falta de electricidad afecta gravemente a la sanidad pública, reduciendo la capacidad de los hospitales o incluso provocando su cierre.

Al mismo tiempo, hay un riesgo grande de contaminación: dado que las depuradoras no pueden funcionar se están vertiendo unos 100.000 metros cúbicos de aguas residuales directamente al mar todos los días, las pequeñas desalinizadoras disponibles han reducido su producción de agua dulce hasta el 15% de su capacidad y la media de agua proporcionada por ciudadano ha bajado de los 90 a los 45 litros diarios (a partir de un suministro de la red general de agua que funciona intermitentemente).

En los hogares, los apagones provocan a su vez cortes en el suminstro de agua. La crisis energética en Gaza dura más de diez años y comenzó cuando aviones israelíes destrozaron la central eléctrica inmediatamente después de que Hamas y otras milicias secuestraran a un soldado israelí en 2006.

La situación se agravó cuando el grupo islamista tomó el control de la Franja en 2007, debido al bloqueo impuesto en la entrada de mercancías. Hamas gobierna férreamente desde que desalojó al moderado Al Fatah, del presidente palestino Mahmud Abbas, que gobierna en Cisjordania. Desde entonces, tienen un ciclo máximo de ochos horas de electricidad y otras ocho de desconexión por día, pero actualmente viven la peor crisis que ha vivido Gaza, por las desavenencias entre las facciones palestinas.

Durante los últimos diez años, la población de Gaza ha aumentado dramáticamente hasta los más de dos millones de personas, que viven en un área de 360 kilómetros cuadrados bajo un fuerte bloqueo israelí. “Se trata de una vuelta de tuerca más para obligar a Hamas a aceptar las condiciones del Cuarteto (directorio formado por Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y la ONU) que le demandó renunciar a la violencia y reconocer el proceso de Oslo para lograr que los objetivos políticos se impongan a los militares”, señala el analista político Omar Shaban, que dirige el centro de estudios estratégicos Palthink en la ciudad de Gaza.

Agraciado con uno de los pocos permisos que el gobierno israelí concede estos días a los gazatíes para acercarse a Jerusalén, Shaban opina que los diferentes actores implicados pretenden relegar a las Brigadas Izzadin Al Qassam (el brazo armado de Hamas) y beneficiar a su dirección política.

Treinta años después de su creación, el movimiento islamista radical acaba de aprobar la reforma de su carta fundacional, pasando a utilizar un lenguaje más moderado y objetivos más posibilistas. En opinión de Saban “se trata de un giro estratégico que aumenta el margen de maniobra del presidente Abbas para comenzar una nueva ronda de negociaciones bajo los auspicios de Donald Trump”. El presidente de Estados Unidos tiene previsto visitar Jerusalén y Belén el próximo 22 de mayo con la intención de poner en marcha un nuevo proceso negociador.

Fuente: Clarín – 14/5/2017.

 

Apoye la Iniciativa de Ginebra: envíe un e-mail a Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla

Escriba en la línea de asunto: "Apoyo Ginebra", e informe su nombre completo, profesión/actividad y ciudad/provincia.

¿Por qué donar a
Argentinos Amigos de Paz Ahora?