Un planeta llamado Sinaí

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Escrito por NESTOR BENREY

El ataque ocurrido el domingo por la noche contra un puesto de control militar egipcio en la Península del Sinaí y la inmediata represalia de las Fuerzas Armadas de ese país, representan un cambio en la forma en que se ha manifestado la violencia en esa zona durante mucho tiempo. Israel ya está culpando a extremistas islámicos. Pero independientemente de quiénes sean los responsables, la intención de asesinar a un número relativamente alto de militares egipcios antes de cruzar la frontera hacia Israel indica qué tan lejos estos grupos están dispuestos a llegar. El incidente plantea desafíos a la seguridad tanto para Egipto como para Israel.

El ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, ya lo describió como «una llamada de alerta» para las autoridades de El Cairo.

Sin embargo, también representa un desafío político y diplomático, al complicar las relaciones no sólo entre Israel y Egipto, sino también entre Egipto y la organización terrorista Hamás en la Franja de Gaza.

También agrega un nuevo elemento de fricción en la ya tensa relación entre el nuevo gobierno civil de Egipto y las Fuerzas Armadas del país.

Desde que Israel se retiró de la Franja de Gaza en 2005, la Península del Sinaí ha significado un creciente reto de seguridad para Israel, un proceso que se ha acelerado en el marco de la inestabilidad política en Egipto.

Los repetidos ataques con explosivos al gasoducto entre los dos países es un poderoso índice que mide la anarquía creciente.

Las autoridades egipcias nunca han tenido un fuerte control central sobre el Sinaí. Siempre ha sido vista como una región periférica.

Analistas egipcios afirman que los gobiernos han limitado el número de efectivos que pueden ser desplegados en el área bajo los términos del acuerdo de paz con Israel.

Estas restricciones han sido suavizadas en el pasado con el aumento del número de tropas tras un acuerdo mutuo. Sin embargo, expertos israelíes señalan que las Fuerzas Armadas egipcias han mostrado poco entusiasmo en controlar la criminalidad y la falta de autoridad en el área, dejando el trabajo a unidades policiales y paramilitares muy poco entrenadas y equipadas.

El tráfico de drogas, armas y personas se ha convertido en una de las principales actividades económicas de las tribus beduinas que viven en el Sinaí. Además, se han formado lazos inevitables entre en norte del Sinaí y la Franja de Gaza, en base a esta nueva economía. Esto ha dado lugar a que algunos elementos palestinos del extremismo islámico se trasladen al Sinaí, que es vista como un área de operaciones para cualquier ofensiva contra Israel.

Paralelo a ello, algunos grupos beduinos se han radicalizado. También hay informes que hablan de la movilización hacia esa región de extremistas inspirados en la red Al Qaeda, aunque estos últimos vínculos son difíciles de comprobar.

En el último año, los ataques a Israel desde territorio egipcio han cambiado la estrategia de seguridad de ambos países. La emboscada de dos autobuses israelíes en agosto de 2011 en la cual personas murieron y 31 resultaron heridas, puso a sonar todas las alarmas.

Israel ha reforzado su despliegue militar cerca de la frontera y está construyendo una valla de 240 kilómetros de largo como una barrera física. Las operaciones de inteligencia israelí también se han incrementado, aunque hasta ahora no de una forma significativa.

Al parecer, Israel ya había sido alertado sobre la posibilidad de que este tipo de ataques se produjeran. Por ejemplo, ya les había advertido a sus ciudadanos de evitar viajar a Sinaí y aparentemente estaba realizando planes militares para lidiar rápidamente con una incursión una vez ésta ocurriera.

Al Gobierno israelí le preocupa desde hace tiempo el hecho de que la Península del Sinaí se ha convertido rápidamente en tierra de nadie, una especie de miniestado beduino fuera del control de El Cairo, con varios grupos radicales palestinos muchas veces ligados a beduinos extremistas que operan a sus anchas. El reciente ataque sólo agrega más temores a esta situación.

Israel obviamente se siente obligado a no actuar directamente contra estas provocaciones dentro de territorio egipcio. La muerte de personal egipcio en fuego cruzado tras el incidente de agosto de 2011 provocó malestar popular en Egipto. También es extremadamente fácil ver cómo un ataque terrorista en Israel - y su respuesta israelí - podría seriamente dañar la ya frágil relación entre Israel y Egipto.

En un detallado informe redactado a principios de este año uno de los expertos israelíes en temas regionales, Ehud Yaari, analista de Oriente Medio del Canal 2 israelí, recomendaba que el Ejército egipcio fuese desplegado a lo largo de la frontera con Israel. Esto - decía Yaari - no requería enmendar el tratado de paz bilateral. Agrebaba también que esta acción necesitaría de una cooperación estrecha entre las fuerzas militares de ambos países. Sin embargo, aún no está claro si los líderes políticos israelíes están listos a renunciar a la separación de fuerzas que ha sido un elemento clave en su frontera sur por más de 30 años.

De cualquier manera, inmediatamente después del atentado, el nuevo presidente egipcio, Mohamed Mursi, prometió retomar el control del Sinaí. La reciente operación con aviones y helicópteros contra grupos yihadistas armados, que dejó un saldo de al menos 20 terroristas muertos, bien podría constituir un antes y un después en la política de Egipto e Israel vinculada hacia lo que ocurre en la peninsula. Resulta difícil creer que Mursi ordenó llevar a cabo una acción de tal envergadura sin el visto bueno de EE.UU e Israel ya que, de lo contrario, constituiría una violación al tratado de paz entre ambas naciones firmado en 1979.

El peligro es que ataques como estos, podrían también abrir peligrosas grietas entre el mandatario egipcio y el alto mando militar, cuando ambas partes están forjando una nueva relación, y los grupos islamistas-salafistas que controlan el Parlamento, lo que conduciría a una nueva inestabilidad entre las distintas fuerzas que operan en el País del Nilo.

Cualesquiera sean los pasos que se sigan tomando, la tarea clave está muy bien descrita en el informe de Yaari redactado el pasado mes de enero: «Minimizar los riesgos de implosión del tratado de paz egipcio-israelí que en estos momentos está bajo la presión de la salvaje frontera del Sinaí».

Fuente: IsraelenLinea.com - 8/8/2012.
 

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